Con la llegada de Halloween, hay quienes tratan de encontrar el disfraz más original y terrorífico. En muchas ocasiones, optan por las lentillas de fantasía como complemento. Fluorescentes, de ojos de gato, de araña, de zombi, de vampiro…, todo vale para ser el «mejor» en la noche de los muertos.

El reclamo de complementar el atuendo, hace que se oferten lentillas de colores en internet, con graduación, que permiten cambiar el color de ojo por estética o que, incluso, no tienen graduación y «sirven para todo tipo de ojo».

¿Cuál es la realidad? «Este producto solo puede venderse en una óptica, bajo supervisión, es un producto sanitario de adaptación individualizada y debe llevar unos mecanismos básicos para su utilización», apunta Alberto Barroso, óptico y vicepresidente de la 1ª delegación regional del Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas.

La ignorancia es el primer factor clave para que el ojo sufra. «Los consumidores no saben cómo usar las lentillas. Se basan en tutoriales para ver cómo se colocan, no tienen unos conocimientos de higiene básicos y prolongan su duración hasta meses, sin saber si son de un solo uso o no», insiste Barroso.

La OCU apunta que comprar las lentillas en bazares o establecimientos «de disfraces» no garantiza la calidad del producto, ni que la adaptación al ojo sea la correcta, ni que el usuario sea apto para llevar esas lentes.

Además, subraya Barroso, «las indicaciones de estos productos, comprados en cualquier lugar, no suele venir en español, así que es imposible que el usuario sepa cómo tiene que usarlos.

Entre los riesgos, el más grave, sin duda, es cuando la lente está contaminada. «Hay veces que los usuarios no las limpian bien, o se les cae y le dan con agua para poder usarla. Eso es un error. Con este tipo de acciones, se produce una conjuntivitis bacteriana que puede producir ceguera en la persona.